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Formación del siglo XXI: Pensamiento crítico, tecnología y pedagogía

Publicado por Juan Antonio García el 04/06/2015

La enseñanza, en cuanto a métodos formas y maneras es cambiante y evoluciona con la sociedad. Un ejemplo ilustrativo en España, antes, ya hace bastante tiempo, en la asignatura de historia, los niños recitaban como loritos el listado de los reyes godos, posteriormente se evolucionó hacia un aprendizaje en el que no tenía tanta importancia la retención de datos concretos como la compresión y la visión global de los hechos.

Sin entrar a valorar que método es mejor o peor, si que se percibe, según un estudio reciente del Foro Económico Mundial, escrito en colaboración con The Boston Consulting Group que en la actualidad se requiere que los estudiantes no sólo posean habilidades en las materias tradicionales como el lenguaje, matemáticas o ciencias, sino que también se les demanda competencias tales como el pensamiento crítico, resolución de problemas, la persistencia, la colaboración y la curiosidad. Estas nuevas habilidades requeridas se dividirían en tres grandes categorías: la alfabetización, las competencias y las cualidades que están vinculadas al carácter de la persona.

Profundizando en esta clasificación, encontraríamos dentro de la alfabetización  las áreas de aritmética, ciencias, TICs, finanzas y la alfabetización cultural y cívica, mientras que dentro de las competencias se engloban habilidades relacionadas con el pensamiento crítico y la resolución de problemas, la creatividad, la comunicación y la colaboración. Finalmente, en las cualidades vinculadas al carácter se incluyen la curiosidad, iniciativa, persistencia, adaptabilidad, liderazgo y conciencia social y cultural.

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¿Están los estudiantes preparados para ello?

Con demasiada frecuencia, sin embargo, los estudiantes en muchos países parecen todavía estar “verdes” para estas supuestas demandas. Según el estudio en el que participaron cerca de 100 países aparecen grandes brechas en los indicadores seleccionados para muchas de estas habilidades.

Por ejemplo, en Estados Unidos en comparación con los indicadores globales a nivel mundial, destaca en la adquisición de habilidades relacionadas con el pensamiento crítico, sin embargo, si se compara con países como Japón, Finlandia o Corea del Sur, se observa que adolece de capacidades significativas en aritmética y en el campo de la alfabetización. En otros casos como son Polonia e Irlanda, sobresalen en alfabetización, pero están rezagados en pensamiento crítico y en curiosidad. Ambos países son de fuerte tradición católica en la enseñanza y quizá eso tenga cierta influencia (esto no lo dice el estudio).

¿Qué pueden significar estas diferencias, pues siempre según el estudio, son signos claros de que muchos estudiantes no están recibiendo la educación adecuada para prosperar en el siglo XXI. En consecuencia, no se están encontrando trabajadores cualificados en la medida que los demanda el mercado laboral.

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 ¿Qué se puede hacer ante esto?

Todas esta serie de carencias podrían suplirse con la ayuda de las tecnologías aplicadas a la educación y a través de las innovaciones que se realizan constantemente en este campo. Innovaciones, que además suponen una disminución del coste y contribuyen en general a la mejora de la calidad del sistema educativo.
Pero la clave según el informe reside en la pedagogía: la tecnología puede complementar el sistema educativo actual siempre y cuando se aplique a través de enfoques pedagógicos basados en proyectos, vivencias, en la indagación o en métodos de aprendizaje adaptativo, que se convierten en herramientas de utilidad para la enseñanza de alguna de estas “nuevas” habilidades (comunicación, creatividad, persistencia y colaboración).

Para nosotros, como consultoría especializada en recursos humanos y formación, la conclusión es clara: Bienvenida sea la tecnología a la enseñanza y la formación en todos los ámbitos, cualquier avance que permita comunicarse más y mejor o de otra manera (online, e-learning) es positivo pero siempre bajo la supervisión o en colaboración con expertos en pedagogía, psicología y recursos humanos que aporten rigor y profesionalidad al proceso.

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